sábado, 1 de junio de 2013

Mi Querido

Mi Querido:
                   Se que puedo ser escalofriante cuando me lo propongo, pero la mayoría del tiempo soy graciosa y ocurrente. No se que pudo alejarte, si fue el chiste de que tenía una enfermedad terminal altamente contagiosa, te pido perdón, no fue mi intención asustarte, era solo un chiste porque no salías de la ducha y se me hacía tarde para ir al trabajo.
Todos sabemos que a la larga te hubiera terminado cagando y traicionando por la espalda cuando más me necesitaras, lo que me pregunto una y otra vez es cómo lo descubriste? Repaso todo lo que vivimos y no puedo entender en que fallé.
Se te veía tan interesado en mi, casi cautivado. Me halagabas permanentemente, que mi cuerpo esto y aquello. Aguantaba con una sonrisa tus cumplidos berretas acerca de los silencios, tus frases hechas y terribles;”cuando una mujer se desnuda…bla bla bla”sin decir palabra alguna, hasta me divertía pensando que boludo eras.
Esa vez que quedamos en encontrarnos en Mar del Plata y me fui a Bahía al recital de La Renga, creí que ibas a dejarme o a golpearme o algo, pero no, siempre te gustó mostrarte mejor que yo, creo que disfrutabas de eso en el fondo, solo llorabas del otro lado del teléfono, enrostrándome mi error.
No me molestaba que la gente pensara; “cómo robó ese pelado con la mina esa?”Creía que teníamos algo bueno que solo nosotros entendíamos.
Nunca pensaste el esfuerzo que hacía en tragarme los bombones apestosos que me traías??De nougat??Que te pasa??Me preguntaste alguna vez si me gustaban los bombones del Kiosco??O cuando me llenabas la casa de flores inmundas, que cada desayuno parecía que estábamos en Chacarita con el olor a corona para muerto que dejaban. Y cuando salía corriendo al baño a vomitar te veía en un rinconcito, como ilusionado con mirada picarona…
Tus llamaditas del trabajo, por Dios!! No podías llamar a tu vieja cuando te aburrías??Yo en el medio de una reunión escuchando que una paloma te cagó en el hombro y te pareció una señal de que algo andaba mal entre nosotros y que si podíamos charlarlo a la noche. Yo con toda paciencia te tranquilizaba, te decía que a veces la lectura de esas cosas no debería ser tan así y válgame el señor que otras barbaridades me hacías inventar.
Por que esta vez es más serio que las otras? no contestas mi llamado, ni mis mensajes, pensaste cómo me sentía yo con todo esto? no, el señor piensa solo en él. No le importa si su novia y su mejor amigo están varados en Rosario sin un mango, claro.
Bueno, está bien. Después de todo lo que aguanté, vos me das la espalda, ok.
Ojalá no se te pare nunca más, mal hombre.

La mirada del otro

Si, estoy sintiendo cosas raras últimamente. El martes estaba en el sillón, leyendo algunas cosas del trabajo, nada demasiado estimulante y de repente, puedo jurarlo, sentí una mano cerca de mi entrepierna. Eso no es lo raro, podía llegarse a tratar de una evocación, un recuerdo quizás, lo distinto esta vez fue que esa mano me agarraba el “miembro” por decirlo de alguna manera espantosa, aunque no parezca, soy extremadamente comedida a la hora de nombrar esta parte del cuerpo. Nunca encuentro la palabra adecuada y pene me parece muy formal para la ocasión. Enseguida miré para abajo, no había ninguna mano, ni miembro, claro.
Me levanté muy rápido, me toqué entre las piernas que tenía separadas como si fuera a hacer pis ahí, en el piso del living, frente a la computadora que me miraba. No había nada.
Volví a sentarme, esta vez con las piernas cruzadas, un almohadón sobre las rodillas y arriba de todo, los apuntes. Seguí leyendo, cada vez poniendo menos interés.
Al poco rato, lo mismo. Como disparada por una descarga eléctrica, pegué una patada al aire, tirando así; almohadón, apuntes, mate, todo por los aires. No era desagradable lo que hacía esa mano pero, ¿de donde venía esa intención? Esa insistencia por agarrármela.
Fui para el baño, me temblaban un poco las piernas mientras caminaba por el pasillo, disimuladamente me toqué ahí abajo y por supuesto, no había nada.
Una vez frente al inodoro instintivamente levanté la tabla, lo pensé unos minutos y decidí que lo mejor era sentarme. Raro, no podía tocarlo, pero yo sentía que estaba ahí.
Sinceramente no se porque razón, decidí ir a la habitación a buscar un par de medias para rellenar mi ropa interior, esa tarde me faltaba algo.
Bien equipada con mi par de medias deportivas, una dentro de la otra, como se suelen guardar las medias en el cajón, di por terminada la jornada de trabajo/estudio y salí a la calle. No puedo negar que estaba algo emocionada y afectada por caminar con algo entre mis piernas, para mi no era cosa de todos los días.
Caminé unas tres cuadras más o menos, cuando vi la cara de compasión y rechazo de un pibe frente a mi hernia falsa, sentí mucha vergüenza y preferí cerrarme la campera y apurar el paso hasta llegar de nuevo a la casa.
Mientras subía los ocho pisos por ascensor mirándome al espejo pensaba; “¡Cómo te la baja la mirada del otro!”

De cómo mi cuñado pasó todo un verano abrazado a mis bombachas creyendo que eran de mi hermana

Fue un día cualquiera en que descubrí lo absurdo de la vida, casi de la existencia podríamos decir. No fue precisamente leyendo el ensayo filosófico de Albert Camus, El mito de Sísifo, que siempre me sale Sífiso. Claro que no fue así. Pasé treinta años contemplando una puerta blanca de chapa y diciendo”acá nací yo”, cuando en realidad no era esa la casa sino la de al lado.
Esos tesoros fetichizados que uno carga de importancia como quien saca del cajón de su mesa de luz una noche de borrachera, casi con lágrimas en los ojos, un viejo libro de hojas amarillentas, contando a sus compañeros de reunión; “este libro es el legado más importante que recibí de mi padre” y salta Mariano diciendo, “boludo, lo tenías vos, cómo lo busqué, este libro lo compré en el mercado de pulgas hace mil, que bueno, me lo llevo!”Y así, en un parpadeo todos nuestros recuerdos tambalean y se van a la mierda.
Uno se cuestiona por qué no decidir arbitrariamente la importancia que deberían tener las cosas, básicamente hablo de inventar, contar los hechos como te de la gana, ¿acaso no es el mejor orador el que se lleva todos los aplausos? ¿importa si es cierto o no lo que cuenta? Creo que no.
Cuando las relaciones se terminan hay una infinidad de razones, pero cada una de las partes tendrá su versión que será lo suficientemente buena o no como para afectar o cambiar las emociones de sus oyentes, como todo buen orador. En los casos mas berretas diremos, “estaba loca la mina” a lo cual nos podrán responder; “no te merece”, todas mentiras que vamos construyendo para lograr esta suerte de farsa digna de ser representada en la edad media.
Hace poco me pasó algo muy bueno, una experiencia por demás interesante, tuve un día perfecto, de la mañana a la noche. Una especie de ensoñación que duró casi veintisiete horas. Con el correr del tiempo, los recuerdos de ese día se fueron debilitando, no así las sensaciones. Pensar en ello era como revivir un poco, iba agregándole detalles a mi historia, convirtiendo ese momento en algo sagrado, que culminaba con una apoteosis de lujuria, placer y fuegos artificiales. Claro está que acorde a mi manera de ser, sentir y actuar, no guardé números de teléfonos, ni nombres, ni direcciones que puedan negar mi maravillosa pieza teatral. Hasta me puse a pensar si una buena historia no vale tanto más que una pobre realidad.
De ahora en más, mi nombre no es más mi nombre, mi estatura cambi, mi voz se tornó interesante, mi pelo es aun más largo, larguísimo, incluso mis pechos pueden verse más grandes en mis relatos. Soy una maquina de parir felicidad.

"El espectáculo —dice Hamlet— es la trampa donde atraparé la conciencia del rey.", esta cita si se lo afané a Camus.